News of The World #76
• La premiada versión de Mario Gas sobre el musical de Sondheim llega mañana al Apolo
• «Cuando algo sale bien, ¿para qué cambiarlo?», explica el director del montaje
IMMA FERNÁNDEZ
BARCELONA
Hace 14 años, Mario Gas cocinó a su manera el musical Sweeney Todd de Stephen Sondheim y le salió tan sabroso y apetecible que ha decidido volver a ofrecérselo al público barcelonés manteniendo la base y los principales ingredientes. «Cuando algo sale bien, ¿para qué cambiarlo? Si piensas que no lo vas a mejorar, es preferible no tocarlo», justifica el director. No ha considerado necesario renovar la receta y regresan los mismos protagonistas de antaño –Vicky Peña y Joan Crosas (que sustituyó al inicial Constantino Romero)–, la escenografía y la «esencia» del original de 1995, producido por el Centre Dramàtic de la Generalitat y laureado con más de una quincena de premios.
El montaje actual, que se presentó el pasado año en el Teatro Español de Madrid, centro que Gas dirige desde el 2004, llegará mañana al Teatre Apolo de Barcelona con su decena de intérpretes (el barítono Javier Ribera-Vall, el tenor Pedro Pomares, Teresa Vallicrosa, Maria del Mar Maestu y la soprano Ruth González, entre otros), un coro y una orquesta de 11 músicos. «Se trata casi de una ópera, con 25 espléndidas canciones, algunas muy difíciles de abordar. Es casi una ópera», subraya Gas, que define el texto como «una descomunal crítica de la condición humana, en la mejor línea satírica del teatro mundial».
La historia se remonta al Londres del siglo XIX, pero es perfectamente vigente en nuestros días, como ilustra el director: «Cualquier negocio fraudulento aumenta la demanda; ahora tenemos muchos ejemplos de estafadores con éxito... El canibalismo está a la orden del día y no engorda». Sweeney Todd (Crosas) –un barbero injustamente encarcelado por un juez lascivo– regresa a su hogar con hambre de venganza y la navaja afilada. Pero al llegar se encuentra con que su mujer se suicidó y su hija está bajo la tutela de aquel juez, según le cuenta la Señora Lovett (Peña), una escabrosa panadera que hornea unos deliciosos pastelitos de carne...
«Se trata de teatro en mayúsculas, al estilo de Charles Dickens o Bertolt Brecht; hay esperpento, humor, thriller, una partitura magnífica... Tiene poco que ver con los musicales al uso que se están haciendo en Barcelona y Madrid», compara el creador. Nada que ver tampoco con la adaptación cinematográfica de Tim Burton con Johnny Depp de barbero diabólico. «La obra es previa a la película. Esta prescinde del coro, que en mi montaje tiene mucha importancia porque la historia se explica a través de la mirada de ese colectivo de los sin nombre».
LA SEÑORA LOVETT, MÁS MALA // Una escenografía muy polivalente recrea múltiples decorados –la barbería, el juzgado, el sótano, el puerto...– por donde pululan víctimas y verdugos. «Los años han jugado a favor de mi personaje, que destila más humor negro», sostiene Crosas. «Nuestras virtudes y defectos han ido creciendo», tercia Peña. Aunque no ha habido muchos cambios sí hay matices distintos. Yo me he reencontrado con una vieja amiga más puta, más mala, más divertida».
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