Leyendo... Y a mi sobrino Albert le dejo la isla que le gané a Fatty Hagan en una partida de póquer, de David Forrest.
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Boris era feo, y sus amigos sabían que le hacían un favor al describirle de ese modo. La bota que le había partido la nariz le había mejorado la cara y los puntos de sutura en la mejilla habían dado a su perfil izquierdo una sonrisa permanente.
Vorolokov y él mantenían una continua guerra cordial. Hacía muchos años que navegaban juntos.
Boris simulaba que odiaba el mar todavía más de lo que odiaba su capitán. Sostenía que había tenido que elegir entre este trabajo o barrer las calles de su ciudad natal, pues los cocineros se pagaban a dos por un kopek en tierra firme y, además, apenas existen restaurantes para emplearlos.
En cualquier caso, él no era un cocinero en el sentido estricto. Como Vorolokov, había empezado de marinero de cubierta en un pesquero que tenía un cocinero peligrosamente malo. En el último viaje, después de que el tercer tripulante se envenenara con la comida, el cocinero cayó oportunamente por la borda y Boris heredó el trabajo.
Vorolokov y él mantenían una continua guerra cordial. Hacía muchos años que navegaban juntos.
Boris simulaba que odiaba el mar todavía más de lo que odiaba su capitán. Sostenía que había tenido que elegir entre este trabajo o barrer las calles de su ciudad natal, pues los cocineros se pagaban a dos por un kopek en tierra firme y, además, apenas existen restaurantes para emplearlos.
En cualquier caso, él no era un cocinero en el sentido estricto. Como Vorolokov, había empezado de marinero de cubierta en un pesquero que tenía un cocinero peligrosamente malo. En el último viaje, después de que el tercer tripulante se envenenara con la comida, el cocinero cayó oportunamente por la borda y Boris heredó el trabajo.
"Y a mi sobrino Albert le dejo la isla que le gané a Fatty Hagan en una partida de póquer", de David Forrest.


1 Comments:
Te espío. Que lo sepas.
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