miércoles, agosto 04, 2010

Y sin demasiado sitio para la esperanza...

Audio: Nada.

Pero el capital no vive sólo del trabajo. Este amo, a la par que distinguido y bárbaro, arrastra consigo a la tumba los cadáveres de sus esclavos, hecatombes enteras de obreros que sucumben en las crisis. Vemos, pues, que, si el capital crece rápidamente, crece con rapidez incomparablemente mayor todavía la competencia entre obreros, es decir, disminuyen tanto más, relativamente, los medios de empleo y los medios de vida de la clase obrera; y, no obstante esto, el rápido incremento del capital es la condición más favorable para el trabajo asalariado.

Con éste terrorífico epílogo concluye el Trabajo asalariado y capital de Karl Marx y al que buena cuenta le he dado esta noche. Tenía una cita pendiente con éste y hoy, por cuestiones de documentación, por fin me he colocado frente a éste bien flanqueado por un café humeante. Bien suele pasar que cuando leemos textos del diecinueve nos encontramos rodeados de todo tipo de anacronías y nos sonreímos de que todo lo malo ya ha pasado. El problema está en cuando lees esto, qué nos contaba Marx allá 1848 y cómo ha seguido -y posiblemente seguirá- siendo hasta Dios sabe cuando..

Normalmente las películas de terror de hecatombe zombie siempre nos dejan un epílogo en el que poco sitio queda para la esperanza. Leyendo el texto de Marx, igual...