Nada.
El jueves pasado me deslicé hasta el nuevo
Almeria Teatre para ver la representación de la ópera no-lírica "The Black Rider", con texto de William Burroughs, música y letras de Tom Waits y
dirigida por Robert Wilson. La dirección en esta ocasión corría a cargo de Víctor Álvaro, director de la compañía teatral Gataró y -también- director del nuevo teatro.
Entré con cierto temor y reticencia al teatro. Más que nada porque hay cosas que se hacen bien o no se hacen, y el extraño hecho de que los diálogos estuviesen en catalán pero las canciones en su idioma original (inglés y alemán) lo podía hacer extraño o algo "incomprensible". Ni mucho menos, el nivel de inglés de los actores era bastante bueno y no quedaba como un pegote recitando un
guachuguo guachuquei, que es harto de agradecer. Las interpretaciones se debatían entre buenas y muy buenas, y es que se nota que hay un nivel muy alto: Antiguos Dagoll Dagom, Gataró y de El Musical Més Petit. Un reparto muy cuidado y selecto, la verdad.
La escenografía, siendo casi inexistente, era la idónea para el espectáculo, con el vestuario -en general- quedé prendado y el nivel vocal de los actores era harto alto, y además ¡Sin amplificar! Que aunque no se realizase en un teatro lírico con interpretes del género, se trató de mantener al máximo la esencia de lo que es una ópera.
De hecho durante estos últimos días he tratado de echarle faltas al espectáculo, pero no las he encontrado. Estoy completamente enamorado de éste y tengo unas ganas tremendas de volver al Almeria y dejarme seducir otra vez por tal espectáculo. Es lo más recomendable que hay en la cartelera barcelonesa en estos últimos meses (Obviando a Bergman) y posiblemente dará muchísimo que hablar. No os lo perdáis.