A veces mi impulso por aprender cosas -aparentemente- inútiles y que no me reportarán ningún beneficio más allá del
petit comité dan su fruto, aunque solo sea en un más que
petit comité.
Me explico: El pasado martes leí una entrevista en
La contra de La Vanguardia en la que hablaban con un iraquí muy arraigado a la capital catalana y que desde hace ya algún tiempo posee un restaurante de comida arábiga en la calle Verdi. El entrevistador sabía lo que se hacía y la conversación iba de aquí para allá abordan muchos temas, uno de ellos fue la influencia del arameo en otras lenguas mediterráneas, y más concretamente en el catalán. Mentó varias palabras, de como
abba (padre) acabó convirtiéndose en
abat, así como
aya, que era cuidadora, se convirtió en la catalana
iaia, abuela.
Tomé nota de todo esto pensando que nunca haría uso de estos datos, así como también me está pasando ahora cuando estoy relacionando muchísimas palabras hebreas con el catalán, el castellano e incluso el inglés. Pero me equivoqué... antes de lo esperado tuve que echar mano a mis apuntes...
Ayer tarde, tras tener el extremo honor de poder conocer in situ a los Papa Topo y comprarles una de sus últimas copias de su primer
7" Oso Panda, volví en tren para Sabadell y en la parada de Provença subió una mujer con sus dos hijos, una niña de cuatro o cinco años y un niño de ocho, estaban todo el rato preguntándole a su madre todo tipo de cosas, por casualidades de la vida, uno de los anuncios que había dentro de vagón contenía la palabra iaia, así que -ni corta ni perezosa- la niña preguntó a su madre: "
Perquè iaia es diu iaia?", la mirada condescendiente de la madre se dirigió a mi y con la sonrisa que cualquiera pronunciaría al decir: "
Animalico", mi respuesta fue sencilla: "
A mi no em preguntis perque t'ho puc dir...", le introduje en que era arameo, rebusqué entre mis apuntes variados y le dije, sí...
aya, del arameo cuidadora...
La mujer se despidió de mi en Sarrià, aún sin dar crédito... y fue entonces cuando me entró la risa tonta...